miércoles, 17 de septiembre de 2008

Paso de Misterio

Paso de Misterio
La figura del Jesus yacente es una obra anónima del siglo XVI. La imagen es de tamaño académico. Tiene los brazos articulados por los hombros. Las piernas aparecen un poco encogidas. Los cabellos son postizos, naturales. Es un detalle muy propio del Barroco: el Barroco gusta mucho de los postizos e incluso a veces llega a ser desagradable, pues aunque ya se han perdido, gustaban de poner incluso uñas realizadas con otros materiales. Llama la atención de esta talla el agujero de los clavos, tanto en las manos como en los pies, que aparece realizado muy someramente, con muy pocos recursos, limitándose el anónimo escultor a presentar en la imagen un boquete. No tiene, por tanto, la forma de clavo propiamente dicha, ya que el imaginero se limitó a horadar las manos y los pies de Cristo.
Los ojos son impresionantes, vueltos hacia arriba y abiertos casi en su totalidad. La nariz es de trazado clásico. La boca está muy bien ejecutada, ligeramente entreabierta. La barba está realizada a base de rizos menudos y está partida en el centro, es decir, es barba bífida. Sabemos que la costumbre de tallar barbas así era muy del gusto de nuestros imagineros del Siglo de Oro.
En la cabeza lleva potencias y está exenta de corona de espinas, lo cual se corresponde con la antigua tradición que pensaba que, tras el Descendimiento de Cristo de la Cruz, las tres Marías le desprendieron de las sienes al Señor la corona de espinas que había llevado a lo largo de su martirio. El torso está surcado por hilos de sangre y tiene el costado abierto por la lanzada. Las potencias son de una extraordinaria belleza, están realizadas en oro con rosetas de filigranas en las que se inscriben esmeraldas. Quedan definidas por un vástago triangular alargado sobre el que se dispone un querubín, y a ambos lados de las alas, se alzan dos rayos flameados muy estilizados que enmarcan haces de rayos biselados. Aunque uno de los vástagos de inserción ha sido sustituido, en los otros dos encontramos un completo marcaje que nos permite identificar al autor de estas potencias, así como la cronología aproximada de su ejecución. Junto a una burilada larga y regular aparecen impresionadas las marcas del artista platero jerezano Pedro Moreno de Celis, activo en la primera mitad del siglo XVIII.
Es muy arriesgado hacer una atribución de este Cristo Yacente del Santo Entierro. Hay que recordar que el siglo XVI, a los andaluces, nos parece lejano aún en cuanto a mentalidad artística se refiere, sobre todo en los primeros años de dicho siglo. No es hasta la eclosión del Barroco cuando el andaluz, con su peculiar forma de sentir, empieza a vislumbrar que las tallas de sus Cristos tienen una "garra" especial. Entre octubre de 2003 y marzo del 2004 fue restaurado por D.Enrique Ortega Ortega. En esta cuarta restauración que a la que ha sido sometida esta imagen se le ha aplicado una limpieza que no ha llegado a ser exhaustiva para no dejar la talla completamente blanca. Asimismo, esta restauración ha dejado al descubierto la cabellera de talla que ocultaba una peluca de pelo natural
La imagen se venera dentro de una urna funeraria de plata de ley y cristal de roca, hecha por Juan Laureano de Pina, y donada a la Hermandad por la familia Ponce de León. Juan Laureano de Pina nació en Jerez en 1630. Se examinó de maestro platero en 1676 y en el 77 fue nombrado platero de la Catedral Hispalense. Este autor está considerado como el orfebre más importante del Barroco andaluz. Tras el encargo realizado, el orfebre diseñó una armazón para los cristales. La base está formada por unos cuantos perfiles sobre los que predomina un gran bocel. De ella parten diez pilastras; en cada extremo de la urna se unen dos pilastras en ángulo recto y otras dos dividen en partes iguales las caras laterales. Las pilastras terminan en unas inmensas ménsulas que le dan al conjunto riqueza y movimiento. Al mismo tiempo son funcionales: soportan la tapa. La tapa tiene el centro plano y termina en unos faldones que se quiebran y repiten los perfiles de las pilastras y sus ménsulas. Repartidos por todo el conjunto hay unos apliques de plata dorada, y múltiples anforitas que colocadas sobre la tapa nos pueden recordar una crestería. El mayor mérito de esta joya es que, pese a la época de su realización, el Barroco, tiene un diseño claro, limpio, y no molesta ni distrae cuando se venera la imagen. Esta obra la comenzó Juan Laureano de Pina en 1669 y se estrenó el 9 de abril de 1694 según consta en una inscripción que lleva en uno de sus costados ("Este féretro se estrenó el Viernes Santo 9 de abril de 1694"). Se ignoran los motivos que obligaron al orfebre a tardar años en terminar la urna, la cual está hecha para contener una imagen de tamaño académico, mide 166 centímetros de largo y, quizás, para procesionar sobre unas pequeñas andas a hombros de unos pocos cofrades. A principios de este siglo, en 1926, se realizaron en Valencia seis Angeles de plata fundida y ellos, que son neogóticos, son ahora los que soportan esta joya del Barroco. Manuel Seco Isbert es el autor de los respiraderos de plata este paso. El año 2000 fue portado por primera vez por costaleros. Anteriormente a esa fecha el paso se iluminaba con 4 cirios sobre candeleros en los extremos del paso. Las andas eran llevadas con ruedas. La iluminación actualmente se realiza con una docena de candeleros con tulipas, realizados en Orfebrería Mallol, de Sevilla, estrenados en el año 2000. Año en que tambien se realizó una nueva parihuela y faldones del paso, para poder procesionarlo cargado por costaleros.
Las dimensiones del paso son de 199 cms. de ancho por 348 de largo y 142 de alto.


Fuente: Semanasantadejerez.com