miércoles, 17 de septiembre de 2008

Paso de Palio

Paso de Palio
En el paso de palio se venera la Nuestra Señora de la Piedad, que puede fecharse en el siglo XVII., junto al grupo escultorio del Duelo, compuesto además por las imagenes de San Juan y las Tres Marias (Maria Cleofás, Maria Salomé y María Magdalena). Este grupo escultorico procesiona actualmente tras muchos años sin hacerlo. La Virgen de la Piedad es una imagen de candelero y de tamaño natural. Dolorosa que entronca estilísticamente con la escuela sevillana. Un sector minoritario de la crítica ha visto en esta Virgen rasgos propios del arte de Luisa Roldán, llamada La Roldana. Pero si estudiamos detenidamente el estilo personal de esta escultora sevillana, comprobamos que, en realidad, la Virgen de la Piedad es una Dolorosa bellísima, que tiene la particularidad de que el rostro hace un giro bastante marcado a la derecha. Es una talla de vestir y casi de tamaño natural. El modelado del rostro está perfectamente ejecutado, siendo expresivo y compungido, mostrando un intenso dolor. Estos detalles abonan por la adscripción de esta talla a la escuela sevillana. Se ha seguido tradicionalmente la fecha de 1712 como la fecha de bendición de la Virgen (junto con las imágenes de San Juan y las Tres Marías), partiendo de un documento de solicitud de dicha bendición, que si bien en el original no figura fecha alguna, en la signatura del mismo se ha establecido la de 1712, por lo que deducimos que la talla es aproximadamente de los primeros años del siglo XVIII. Si fuera de las gubias de La Roldana, habría que situar esta talla en su período gaditano, es decir, de 1686 a 1687, o bien, forzada dicha autoría, suponerla realizada dentro del período madrileño de nuestra artista, es decir, en los años finales del XVII o comienzos del XVIII. Pero esto último es poco probable, ya que la artista, al instalarse en Madrid, se dedicó fundamentalmente a hacer trabajos en barro cocido policromado, descuidando un poco la imaginería pasionista que, con anterioridad había cultivado, si exceptuamos su preciso Nazareno de Sisante (Cuenca).
El dato anterior de la fecha de 1712 vendria a poner en cuestión porque aparece el año 1718 en el libro de cuentas de la Hermandad como la fecha de bendición referida. Analizando el documento del Archivo Diocesano fechado en 1712, comprobamos que en el mismo se solicita por la entonces Junta de Gobierno que la escena del Descendimiento se pudiera llevar a cabo delante de la puerta de la Capilla de San Juan de Letrán, por estimarse un emplazamiento mas adecuado dada la afluencia de fieles a este acto religioso. Petición que nos consta en igual sentido formulada por la citada Hermandad en el año 1718, según aparece en las Actas Capitulares de esta ciudad, lo que vendria a corroborar que realmente es el año 1718 en el que se solicitan ambos asuntos, tanto la posibilidad ese emplazamiento para la escena del Descendimiento así como la solicitud de bendición de las nuevas imágenes, concedido esto último por la autoridad eclesiástica.
En lo que se refiere a la autoria del citado grupo escultorico de la Piedad, estamos en la posibilidad de que el escultor Ignacio López, tan estrechamente vinculado al circulo de artistas (como Francisco Antonio de Soto de quien se ha encontrado constancia documental como maestro escultor de un retablo, hoy desaparecido, dedicado a uno de los titulares de la Hermandad, en el año 1702), artistas tan activos en la comarca en este periodo, a pesar de que no contemos con constancia documental de su persona en nuestra ciudad, al menos por el momento, fuera requerido para ejecutar las mismas, si bien teniendo en cuanta esa fecha de 1718 como fecha de bendición, por lo que presumimos su ejecución cercana a esa fecha, muy inmediata por otro lado a su muerte, acaecida a finales de ese mismo año, por lo que estariamos ante unas de sus posibles últimas obras. Los rasgos estilísticos de orden roldanescob que evidencian estas imágenes, tan similares a otros ejemplos, ya documentados recientemente en El Puerto de Santa María, como obras de López, y ante la carencia de otros referentes próximos a su estilo, hacen inclinar a los historiadores José Jacome González y Jesús Antón Portillo, a la intervención de este artista, como ya se habia anunciado anteriormente por parte de la crítica. Al hilo de estas de estas apreciaciones anteriores, nos podríamos preguntar si la figura de Alonso de Morales, de tan justificado conocimiento de la obra de Francisco Antonio de Soto, fue el autentico intermediario para la obra imaginera de sus retablos, a manos del escultor Ignacio López.
Asimismo, por lo que respecta a la Virgen de la Piedad se ha constatado que en 1854 Cristobal Ramirez le colocó nuevas pestañas y lágrimas, retocandole una de las manos. Por el citado autor y en el mismo año realizó lo propio en las tallas de San Juan y las Tres Marias, restaurando una de las manos de alguna de las Marias, sin que se especifique en cual de ellas.
El rostro de la Virgen de la Piedad, expresivo y compungido, hace un giro bastante marcado a la derecha. El modelado del rostro esta perfectamente ejecutado y la expresión es de intenso dolor. En el mismo, observamos unas cejas muy bien construidas, como si estuvieran trazadas a lápiz, formando un entrecejo en la frente, lo que dota a la Dolorosa de una expresión de intenso sufrimiento. Los ojos son grandes y miran hacia abajo. La nariz es clásica y la boca es de labios rosados y turgentes. El óvalo del rostro nos trae recuerdos de tallas sevillanas. Las manos están realizadas con exquisito gusto, dentro de la estética imperante por aquel siglo. Hay que tener en cuenta que la imagen ha sufrido diversas restauraciones. La última fue la de 1980, efectuada por el profesor Francisco Arquillo.
La corona de la Virgen fue diseñada y repujada por Eduardo Seco Imbert en 1949, y fue regalo de D. Juan Pedro Domecq. Es corona cerrada y sólo tiene dos imperiales. El canasto descansa sobre un aro decorado por palmetas e incrustaciones de piedras rojas y verdes. En el canasto, el tema principal son unas cabezas de ángeles que se rematan con unas conchas: en el centro de éstas también hay piedras de colores. En la diadema de la ráfaga hay mas piedras. Los rayos quedan agrupados en la base por unos medallones que vuelven a tener, en el centro, otra piedra de color y las estrellas también tienen en el centro, una piedra pequeñita. Es de plata sobredorada. No es necesario alabar la gracia del dibujo, el atrevimiento del repujado, y la perfección de la ejecución, pero es de justicia resaltar que, de todas las coronas que lucen las Dolorosas jerezanas, ésta es la única donde las piedras parece que tienen calculado su sitio desde el principio.
Por su parte lo que más categoría ostenta son los bordados. De estos, es el manto el que se lleva la palma. Luce ricos bordados barrocos, de oro sobre terciopelo negro. Dicho manto no tiene orla y el dibujo llega hasta los bordes. La composición y el dibujo son muy personales. Unas hojas enormes, muy barrocas, se retuercen y agrupan en el extremo inferior del manto. A medida que trepan van disminuyendo de tamaño y cantidad. Arriba están menos retorcidas y s mezclan con otros vegetales más delicados y flores de pétalos fantásticos. Manuel Beltrán Jiménez fue el que diseñó tanto el manto como el palio y la ejecución del bordado la realizaron las hermanas Ana y Josefa Antúnez en Sevilla: en 1882 el palio y en 1891 el manto para la Hermandad de la O de Sevilla (En 1880 se realizó otro manto que no fue del gusto de esta Hermandad, estrenando el nuevo el 27 de marzo de 1891). Tanto el manto como el palio fueron adquiridos por la Hermandad del Santo Entierro, estrenándose en Jerez el año 1930. Pagaron por entonces los jerezanos 30.000 pesetas para que los cofrades hispalenses pudieran hacerse un nuevo palio. Ambos, manto y palio, fueron pasado a nuevo terciopelo en los talleres de Carrasquilla en 1930. El manto fue restaurado tras la Semana Santa de 1991 y antes de la de 1992, en los talleres de bordado de Fernández y Enríquez, en Brenes, pasándose los bordados a un nuevo terciopelo. En el 2000, se procedió a la restauración del techo del palio de la Virgen de la Piedad por los talleres de Fernández y Enriquez de Brenes (Sevilla). También posee otro manto de camarín, regalo de la reina Victoria Eugenia. En el año 1926 la Hermandad de la Piedad estrenó un manto de tercipelo morado, bordado en Valencia. El paso de palio era cargado por fuera y el manto es semilargo. Los bordados de este manto se desarrollan a partir de unas grandes manchas que hacen las veces de orla; el punto de arranque es el escudo de la hermandad que está bordado en la parte inferior. Procesionó con él hasta que en el año 1930 lo hizo con el manto negro actual. (El morado se expuso en los Claustros de Santo Domingo en la primera exposición "De la Semana Mayor" del año 1991).
La Hermandad cuenta con dos magnificas sayas para esta imagen: La saya que normalmente usa para procesionar es de terciopelo granate, bordada en oro. El dibujo consta de roleos muy simples que cubren grandes espacios; la composición, simétrica y ascendente, se remata con una gran flor muy poco realista; el color del oro, casi blanco... todo nos recuerda a la saya, también de terciopelo granate de Nuestra Madre y señora del Traspaso, de la Hermandad de Jesús Nazareno. Las dos son de autoria anónima y de la misma época, principios del siglo XIX. Tambien posee esta imagen de Nuestra Señora de la Piedad otra saya, de raso blanco con bordados en oro. El dibujo es de curvas suaves, trazos muy largos y finos; la composición y los elementos que la componen son iguales o muy parecidos, a todo lo que hay en Jerez de los talleres valencianos. Esta saya llega a Jerez en el año 1926 y se estrenó al mismo tiempo que el manto de terciopelo morado. La imagen lleva también puesto un fajín de Capitán General del Ejército.
Toda la orfebrería del paso es de estilo barroco y obra de los talleres de Seco Velasco (así los respiraderos del paso son del año 1944/45), salvo la Corona que la realizó Seco Imbert.
Los respiraderos los repujó Seco Velasco en el año 1944/45. Dada la fecha en que se ejecutaron sabemos de antemano que serán rectangulares, es decir, una franja enmarcada por gruesas molduras y divididas por peinazos en paños mas o menos cuadrados. La decoración de este esquema es como sigue: en el paño central de la delantera, dos escudos; las armas están dentro de un óvalo, y a la izquierda está el de España en tiempos de Alfonso XIII, y a la derecha el de la hermandad. Los óvalos están dentro de una cartela barroca. La composición es perfecta; el dibujo, sin titubeos y el repujado, limpio. Sobre la cartela hay una corona, sin imperiales, y dos cestos con frutas y hermosas hojas. Sobre cada peinazo hay una columna en altorrelieve, con el fuste hábilmente decorado. En los paños restantes la decoración es simétrica; el eje es un "candelabro" y a su alrededor, flores, hojas de acanto y tallos que terminan en volutas o zarcillos. Las jarras se estrenaron al mismo tiempo que los respiraderos, y suponemos que fueron ejecutadas en el taller de los Seco. La peana se estrenó en el año 1966 y la repujó Juan Landa.
La candelería es de serie, fundida en Lucena y tiene 124 puntos de luz. Los candelabros de cola, estrenados en el año 1973, tienen 8 puntos de luz cada uno. Se repujaron en el Taller de Lorenzo, Jiménes y Rueda, en Sevilla.
Los varales fueron repujados en el taller de los Seco y estrenados en el año 1949. Los tubos están completamente repujados y los tramos son muy largos; a simple vista sólo hay una macolla a la mediación y otra que casi coincide con la terminación de las caídas del palio. Cada macolla tiene, arriba y abajo, una serie de nudos y estrangulamientos que le dan al varal mucho relieve y un perfil con mucha personalidad. El remate es una perilla, y el basamento, cuadrado, es una capilla con cuatro hornacinas, una por cada cara. En mediorrelieve, ocupando casi toda la hornacina, imágenes de apóstoles y santos.
No posee imagen venera. En el llamador, de plata, figura una paloma sobre una rama.Fue estranado en 1973 y se repujó en el Taller de Lorenzo, Jiménez y Rueda.
El palio, bordado como se ha dicho por las Hermanas Antúnez en 1882, salió en Jerez, por primera vez, en 1930. Es de terciopelo negro, está bordado con hilos de oro y sólo los escudos están bordados, también con sedas de colores. El dibujo de las caídas tiene trazos gruesos y grandes manchas (hojas de acanto, roleos calados, rosetas, ...) que siguen o hacen la crestería o las puntas de las caídas. En la caída delantera, en el centro, están los mismos escudos que hay en los respiraderos; quizas los del palio sirvieron de modelo. En la caída de la trasera todo es igual: la composición, los dos óvalos, la corona real sobre ellos.. sólo que en el interior del primer óvalo está el anagrama de Jesús y en el del segundo, tres flores de lis. El techo es muy original o, por lo menos, muy dificil de olvidar el gran óvalo que hay en el centro. En su interior estan, representados con hilos de oro, todos los instrumentos y atributos de la Pasión. La Cruz está en el centro, en el eje de la composición y es casi tan grande como el óvalo. Por detrás de la cruz están dos escaleras (no se apoyan en los brazos de ella), una lanza y una caña con una esponja (éstas si se apoyan o al menos salen por encima de los brazos de la cruz). Por encima de la cruz está la cartela del INRI, tres dados y una barrena. A los pies, un martillo y unas tenazas. Por los ángulos que forman las escaleras al cruzarse, asoman dos insignias romanas: un Senatus y un Lábaro; también, un látigo y una caña... Colgada de la Cruz, una corona de espinas, y pendiente del brazo derecho, un sudario que cae, y que, con un artístico lazo, se sujeta casi al final de la cruz. Esta composición tan original y completa llama muchísimo la atención por el efecto que causa el sudario: es un trozo de seda blanca aplicada sobre el techo, y los pliegues y las vueltas, hechos antes de fijarlo sobre el medallón. Una franja, formada por dos filetes y hojas de acanto, marca un rectángulo y tiene las esquinas quebradas. E ntre el medallón y la franja, hay unas líneas, siempre del mismo grueso, que se agrupan, dispersan... forman rombos, terminan en espiral o en hojas de acanto; las hojas de acanto intentan entrar en el medallón y los arabescos de los trazos atraviesan la franja y crean una orla que es la verdadera terminación de todo el conjunto.
Los faldones son de terciopelo negro. Tienen unos borches que bordó, en 1968, Esperanza Elena Caro y luce unos preciosos faldoncillos que fueron en su día las antiguas caídas del palio. Suponemos que estas caídas se bordaron un poco antes o después de la visita del Rey Alfonso XIII; en el centro de la composición hay bordado dos escudos, y sobre ellos está una corona real. El escudo de la izquierda es el de la Hermandad (sobre un montículo, una cruz y unas escaleras apoyadas en los brazos de ésta), y el escudo de la derecha es el de España durante el reinado de Alfonso XIII (el campo está cuartelado en cruz, con las armas de Castilla, León, León y Castilla, en punta hay una granada, y en el centro, un escusón que contiene tres flores de lis). De los escudos salen unos lambrequines que, con curvas y quiebros, llegan hasta los extremos del terciopelo; de las curvas de los lambrequines surgen tallos y ramas cuajados de hojas, tréboles y zarcillos.




Fuente: Semanasantadejerez.com